El 100% de lo que recaudemos con estos anuncios lo dedicaremos a fines relacionados con la adopción
Mostrando entradas con la etiqueta Prejuicios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Prejuicios. Mostrar todas las entradas

jueves, enero 09, 2014

¿Cómo vas a ser del Atleti si eres negro?

Este artículo me lo ha enviado Jorge, un amigo con quien vivimos en su momento aventuras conjuntas de adopción,  y seguimos compartiendo la experiencia después de más de 9 años, y la verdad es que aparte de hacerme mucha ilusión recibirlo, el contenido es muy interesante.

Nos habla del racismo que viven nuestros hijos adoptados a medida que van creciendo; se ve que según e estudio, más de un 70% sufren discriminación o xenofobia en el colegio y que a los ocho años muchos ya han oído que sus padres no son "los de verdad"; yo puedo constatar que en mi vida como padre adoptivo de 3 hijos, ésto es así.

En el artículo, nos comenta que existe un gap entre la educación de nuestros hijos y su país de origen, que por ejemplo no tiene un hijo de inmigrantes que respira esta cultura en su casa, y por tanto llega a sentirse no sólo diferente fuera de casa sino también dentro, pues sus padres no somos como él, desde un punto de vista fenotípico.

En el artículo hace una extensión que yo personalmente discrepo y es que esta diferencia que siente un hijo adoptado es también porque no conoce su cultura de origen, y nos animan a que los padres adoptivos tengamos amigos del país de origen de nuestros hijos.

Personalmente creo que nuestros hijos, si los hemos adoptado pequeños, una vez adoptados son de aquí, y su país de origen pasa a ser un aspecto anecdótico de su vida, que es importante tener en cuenta como señal de respeto y de agradecimiento, pero no desde un punto tan identitario como en este artículo nos comentan; puede ser que en este artículo se esté tratando de niños adoptados con más edad, en cuyo caso estaría de acuerdo.

Hay un aspecto que creo de sumo interés y es el hecho de que muchos hijos adoptados que son discriminados dejan de hablar de este hecho con sus padres, y ésto es un tema preocupante, que además nos obliga a los padres a estar atentos y darles el máximo apoyo sin ser pesados pero dando a entender a nuestros hijos que siempre seremos un buen espacio donde reflexionar y ayudar a comprender su situación.

Es un artículo muy interesante que aunque podemos estar más o menos de acuerdo en las declaraciones particulares, las cifras están allí y hay que saber integrarlas en nuestras vidas.

Otros artíclos relacionados :

Adopción. El concepto de Raza


----------------------- Inicio del artículo ----------------------------------
Section 1         ¿Cómo vas a ser del Atleti si eres negro?
La mayoría de niños adoptados en el extranjero choca contra el racismo
España no tiene programas para unirlos a sus orígenes


Unos 50.000 niños españoles han sido adoptados en el extranjero desde los 90. / M. Prince (CORBIS)

“Te abandonaron porque eres tonto y no te querían”, “¿Cómo vas a ser del Atleti si eres negro?”, “¿De dónde eres?” o un ingenuo “¡Qué mono!”. En mayor o menor intensidad, los niños adoptados en el extranjero por familias españolas reciben a diario comentarios que les recuerdan que son diferentes. Hasta un 70% de ellos sufren discriminación y xenofobia en el colegio, según un estudio de la asociación Ume Alaia, que agrupa a familias adoptantes de Vizcaya. A los ocho años, muchos ya han oído a algún compañero decir que su padre y su madre no son “de verdad”, según la misma investigación.
La interacción entre niños y niñas de distintos orígenes es un fenómeno relativamente joven en España, un país eminentemente blanco en comparación con otros Estados occidentales (entre un 5% y un 10% del alumnado es de origen extranjero —según datos de la Unión Europea—, mientras en Francia, Reino Unido u Holanda lo es entre un 10% y un 20%). La adopción internacional se reguló en 1993 y empezó a hacerse efectiva a finales de esa década. Desde entonces han llegado casi 50.000 niños, sobre todo de China, Rusia, Colombia y Etiopía, según el Ministerio de Sanidad, que están entrando ahora en la vida adulta.
María Cardona (nombre ficticio), de 18 años, sabe muy bien lo que es ser “la rara” del colegio. “Fui la primera niña adoptada en el extranjero y además era china. Dicen mis padres que todo el mundo en Ibiza quería conocerme”, relata Cardona, adoptada a los cuatro años por una pareja de la isla en 1998. “Que sepa”, no tiene hermanos. “Cuando iba con mis padres, la gente me preguntaba: ‘¿Quiénes son?’. Yo contestaba: ‘Los papás’. Y me decían: ‘Tus padres te han abandonado”.
Laura, de 32 años y asistenta personal del presidente de una empresa, constata que esta sensación es real en el día a día. “Solo por salir a la calle pierdes el anonimato de ser adoptado. Todo el mundo sabe que esos señores con los que vas no son tus padres biológicos, y llamas la atención. A los ocho años te da igual, porque juegas y no pasa nada; a los 11, te sientes raro, pero a los 14 ya no quieres ir al cine”, explica. Sus padres, croata y austriaca, la adoptaron cuando era un bebé en Bogotá (Colombia) y tiene dos hermanos más jóvenes, también colombianos. Los expertos definen ese “ya no tienes ganas de ir al cine” como el reconocimiento de unas diferencias insalvables con el resto de los niños.

Cómic didáctico contra la discriminación contra los adoptados. / Ume Alaia y Adoptia :

El paso a la vida adulta que se empieza a afrontar durante la adolescencia es especialmente complicado para los jóvenes adoptados. Un estudio publicado por la Agencia de la Adopción y la Acogida de Reino Unido (BAAF, por sus siglas en inglés) sobre los efectos de la adopción a largo plazo demuestra que el racismo que experimentan durante la infancia perdura durante la vida adulta. Además, no todas las entrevistadas para el informe (72 mujeres de Hong Kong adoptadas por familias británicas en los años 60) tienen la misma percepción de su identidad: la mitad se consideran asiáticas; un 19%, británicas, y un 15% se definen como británico-asiáticas. Un estudio similar realizado en Suecia por varias universidades explica que el racismo es diferente en función del origen: la mayoría de los africanos lo sufre, frente al 32% de los asiáticos y el 11% de los latinoamericanos.
Es durante los primeros años de secundaria, es decir, entre los 10 y los 12 años, cuando estos jóvenes comienzan a interrogarse sobre su origen y la intriga por llenar esa zona gris va en aumento hasta la mayoría de edad. Laura, que lleva tres años intentando conocer a su madre biológica, describe la situación como “un vaivén de emociones horrible”. Su familia se mudó de Austria a Madrid cuando ella tenía 10 años. Cree que los padres adoptivos deben decir la verdad a sus hijos y no intentar suavizar la dificultad: “Tienen que explicarle que le miran porque es negro, no decirle que lo hacen porque es más guapo que el resto (…) No dudo que tengan buena intención, pero lo más importante es que no nieguen a su hijo que es diferente”. Opina que lo mejor que pueden hacer los padres es reforzar la autoestima de los pequeños teniendo ellos mismos amigos chinos, negros o latinos. “Esas personas a las que los padres quieren pese a ser diferentes se convierten en referentes. No hay nada que al hijo adoptado le haga sentir más orgulloso que ver que sus padres tienen amigos como él”, dice.
El psicólogo Óscar Pérez-Muga, autor del libro sobre el trastorno de apego ¿Todo niño viene con un pan bajo el brazo? junto a José Luis Gonzalo, distingue entre los chicos que tienen información sobre sus orígenes y los que deben convivir con una laguna absoluta sobre esa etapa de sus vidas. Entre los dos extremos se encuentran los que experimentan la llamada “reparación parcial”, es decir, que pese a saber que han sido abandonados, tienen conciencia de que ha habido cierta protección y calor. Un cuarto grupo lo constituyen aquellos que han empezado a indagar sobre su pasado, pero que reciben informaciones contradictorias que los sumen en la confusión.
A los 10 años estos jóvenes comienzan a interrogarse sobre su procedencia
Laura ha tenido que frenar la búsqueda para no caer en ese desconcierto. La asociación La Voz de los Adoptados lamenta que en España no haya programas públicos de mediadores especializados en acercar a los adoptados a sus países y culturas de origen, expertos en psicología pero también con idiomas y capacidad para conciliar entre las partes. Pérez-Muga afirma, además, que mediante las redes sociales es muy fácil empezar a indagar, pero es muy peligroso hacerlo a tientas, sin la mediación de un especialista. “Yo tenía el nombre y el DNI de mi madre, pero tuve que comprobar sin la ayuda de nadie que seguía viva y que sigue en Colombia. Ahora, mi sueño es ir en Semana Santa a conocerla y mi gran miedo es que desaparezca antes”, explica. También sabe que tiene hermanos biológicos, pero aún tiene dudas sobre si tienen algún interés en conocerla. “Mi contacto me da cada vez más largas. Me contesta cada tres o cuatro meses. No sé dónde ir ni a quién acudir”, lamenta.
Cardona conserva tres amigas del orfanato en el que vivió en China, del que asegura no recordar nada. Llegaron todas juntas a España en 1998. Viven en diferentes ciudades, pero han mantenido el contacto durante todos estos años. En Ibiza no tiene referentes adultos. “Aparte de mi profesora de chino, no conozco a nadie de ese país, solo a los que trabajan en las tiendas de Todo a 100, y de vista”, cuenta. Y no sabe si quiere volver a visitar su país: “Creo que fui abandonada. No sé nada más. Algunas de mis amigas recuerdan algo y otras no. Los orfanatos tampoco saben gran cosa [sobre sus familias de origen]. Como hemos olvidado nuestras vivencias, todas sospechamos que hemos sufrido abusos y cosas así. De mis amigas, la única que recuerda, la mayor, odia directamente todo lo que tiene relación con China. Odia hasta su raza, por decirlo así”. Otros, explica Laura, “mitificamos nuestra cultura”. Y por eso necesitan volver a ella para conocerla.
Ricard Domingo, padre de una niña de Etiopía y presidente de AFNE, una asociación de familias adoptantes en ese país, defiende que el “viaje de retorno” es muy positivo. Tras conocer la experiencia de una veintena de familias, reconoce que es “duro y difícil”, pero asegura que si se hace antes de la adolescencia se facilitan mucho los problemas identitarios. “Si no se pueden permitir el viaje, recomendamos a las familias que recaben toda la información posible sobre la procedencia de sus hijos”, aconseja.
Ayuda que la familia tenga amigos del mismo origen que sus hijos
Sea a través del idioma, de la comida, de la música..., crear un vínculo con ese origen es, para los expertos, fundamental para, poco a poco, hacerles capaces de volver a mirarlo de cara y aceptarse a sí mismos: es decir, para construir su identidad. A esa edad, todo elemento diferenciador provoca una crisis. De ahí que todos quieran, por ejemplo, vestirse igual. “Les provoca una gran inseguridad que les pregunten de dónde son si no saben responder o saben poco sobre ese país”, dice Domingo.
“No lo hacen con maldad, sino que los niños recurren a la discriminación como parte del proceso de construcción de su identidad, mediante la comparación con el grupo”, explica Cristina Negre, doctora en psicoterapia familiar especialista en adopción de la Universidad de Barcelona.
La diferencia principal del racismo que sufren los niños adoptados con la discriminación experimentada por los hijos de inmigrantes es que los segundos tienen en casa un referente cultural y un ámbito de protección que los segundos sienten no tener. “Los inmigrantes creen que su familia les entiende, que sufre la misma discriminación porque es como ellos, pero en el caso de las familias adoptantes pueden tender a tapar el problema de la discriminación como parte del proceso de adaptación”, explica el psicólogo Alberto Rodríguez, uno de los autores del estudio de Ume Alaia. “Los adoptados tenemos que aceptar que preguntas habrá toda la vida. Si no las hay, notas cuchicheos. Los padres biológicos te pueden dar herramientas, pero los blancos no han sentido nunca esa discriminación”, describe Laura.
“Al principio lo cuentas, pero luego no quieres molestar y te callas muchas cosas”, apunta. La misma idea transmite Javier Álvarez-Osorio, padre de dos niños africanos y presidente de la Asociación de Familias Adoptantes de Castilla y León: “Lo del ‘negro de mierda’ es pan nuestro de cada día. Dejan de contarlo, pero si te sientas a hablar con ellos y empiezas a escarbar, ves que es más frecuente de lo que piensas”.
Aunque no hay muchos estudios sobre el racismo contra niños adoptados, un informe publicado por la Universidad de Barcelona en 2010 demuestra que el 75,4% de los padres adoptivos niega que sus hijos fantaseen sobre su familia biológica, mientras los expertos explican que la necesidad de conocer sus orígenes es común a todos ellos. El dato demuestra que la mayoría de los hijos adoptivos tienen la sensación de que sus padres no pueden entender su malestar.
Montse Lapastora, psicóloga clínica especialista en adopción, insiste en la diferencia entre el rechazo que siente un niño con gafas o gordito y el que perciben los adoptados. Los segundos ven cuestionado algo más profundo de su personalidad, que afecta a sus rasgos más básicos. “Tuve una paciente asiática que quería arrancarse los ojos, otra india muy oscura que quería extenderse la piel blanca de la palma de la mano al resto del cuerpo. Otros, negros, que me decían que se frotaban para ver si se les iba el color”, testifica. La experiencia cotidiana de la discriminación les hace crecer con la consciencia de que “quien no es blanco, es negro”, que forman parte de “los de fuera”.
“El extranjero, el gitano, el negro, el raro… todos eran mis amigos. Cuando mis compañeras de clase iban a Kapital [una discoteca de Madrid muy popular entre los adolescentes] yo iba a bares funk. Mi hermano tuvo una época en la que todos sus amigos eran latinos”, relata Laura. María Cardona recuerda que uno de sus mejores amigos cuando llegó al instituto era un chico ecuatoriano.
Al duelo del abandono, se suma el de la diferencia. “A los seis o siete años, los niños empiezan a ser conscientes de que son distintos. Desde pequeños tienen que hacer el procedimiento para asimilar la diferencia (…) pero cuando crecen, normalmente en la adolescencia, y buscan relacionarse con personas que se les parecen físicamente se dan cuenta de que son blancos con cuerpo de negro”, aclara Cristina Negre, para explicar que, al haber sido educados en familias españolas, muchos niños no tienen elementos para entender su cultura de origen.
“Amigos míos me han llegado a decir ‘qué suerte tienes de no parecer colombiana’. Un comentario así desata en nosotros muchos pensamientos: ¿por qué?, ¿es malo parecer colombiano?, ¿y serlo?, ¿los que lo parecen, son malos?, ¿qué pasaría si lo pareciera?”, se pregunta Laura.

jueves, febrero 02, 2012

Si algún día el mundo fuera así .....

Un video que me ha llegado a través del twitter y que me ha dejado impresionado.


Muy recomendable para compartir con la familia, pues anima a todos a hacer algo además de cuidarnos de nosotros mismos.

Además es uno de ésos planos secuencia de más de 4' que siempre me han apasionado.

jueves, octubre 20, 2011

De verdad, ¿siempre ha sido así?


Hoy he recibido un email de la abuela de mis hijos con estas cuatro frases, y he de reconocer que cuando he sabido el desenlace me ha sentado bastante bien.


El powerpoint empieza así :

El médico inglés Ronald Gibson comenzó una conferencia sobre conflictos generacionales citando cuatro frases:

1. Nuestra juventud gusta del lujo y es maleducada, no hace caso a las autoridades y no tiene el mayor respeto por los mayores de edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. No se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres
y son simplemente malos.

2. Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder. Porque esta juventud es insoportable, desenfrenada y simplemente horrible.

3. Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos.

4. Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura.

Después de estas cuatro citas, quedó muy satisfecho con la aprobación que los asistentes a la conferencia daban a cada una de las frases dichas, entonces se propuso a revelar las fuentes :

1. La primera frase es de Sócrates (470-399 a.C.)

2. La segunda frase es de Hesíodo (720 a.C.)

3. La tercera frase es de un sacerdote del año 2000 antes de Cristo.

4. La cuarta frase estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad) y con más de 4000 años de existencia.

Luego de un breve silencio mientras miraba a los ojos a los integrantes de la audiencia, finalmente dijo:

Padres y madres de familia: relájense, pues siempre ha sido así.

Bueno, esto ayuda no?

lunes, junio 07, 2010

Postadopcion. Qué hijos vamos a dejar a este mundo?


Este artículo me lo pasaron hace unas semanas y me gustó tanto que he querido compartirlo en este espacio.

Nos habla de la pieza tan importante que jugamos los padres en crear el mundo del futuro, pero no por nuestro compromiso en crear un
mundo mejor, sino en los hijos que vamos a dejarle para que se colaboren de hacerlo más feliz o más insoportable.

Nos habla de la responsabilidad que tenemos los padres en educar bien a nuestros hijos, y crear personas sanas, competentes, comprometidas y generosas con el mundo en el que viven y vivirán.

Ah, y de los abuelos, está claro : a divertirse con sus nietos.

Un texto muy recomendable con el que se pasa un buen rato pues está escrito de una forma muy descomplejada y llena de perspicacia e inteleginte sentido común.

Otros artículos relacionados :


Si la sociedad no pone límites, tendremos que ser los padres
Vuestros hijos
Postadopcion. Escuela de padres

----------------------- Inicio del artículo --------------

QUE HIJOS VAMOS A DEJAR A ESTE MUNDO
?

Me escribe un amigo diciendo que está muy preocupado por el futuro de sus nietos. Que no sabe qué hacer: si dejarles herencia para que estudien o gastarse el dinero con su mujer y que "Dios les coja confesados". Lo de que Dios les coja confesados es un buen deseo, pero me parece que no tiene que ver con su preocupación.

En muchas conferencias, se levanta una señora (esto es pregunta de señoras) y dice esa frase que me a mí me hace tanta gracia: "¿qué mundo les
vamos a dejar a nuestros hijos?" Ahora, como me ven mayor y ven que mis hijos ya están crecidos y que se manejan bien por el mundo, me suelen decir "¿qué mundo les vamos a dejar a nuestros nietos?" Yo suelo tener una contestación, de la que cada vez estoy más convencido: "¡y a mí, ¿qué me importa?!" Quizá suena un poco mal, pero es que, realmente, me importa muy poco.

Yo era hijo único. Ahora, cuando me reúno con los otros 64 miembros de mi familia directa, pienso lo que dirían mis padres, si me vieran, porque de 1º al 65 hay mucha gente. Por lo menos, 64. Mis padres fueron un modelo para mí. Se preocuparon mucho por mis cosas, me animaron a estudiar fuera de casa (cosa fundamental, de la que hablaré otro día, que te ayuda a quitarte la boina y a descubrir que hay otros mundos fuera de tu pueblo, de tu calle y de tu piso), se volcaron para que fuera feliz. Y me exigieron mucho. Pero ¿qué mundo me dejaron?

Pues mirad, me dejaron:
1. La guerra civil española
2. La segunda guerra mundial
3. Las dos bombas atómicas
4. Corea
5. Vietnam
6. Los Balcanes
7. Afganistán
8. Irak
9. Internet
10. La globalización

Y no sigo, porque ésta es la lista que me ha salido de un tirón, sin pensar. Si pienso un poco, escribo un libro. ¿Vosotros creéis que mis padres pensaban en el mundo que me iban a dejar? ¡Si no se lo podían imaginar!

Lo que sí hicieron fue algo que nunca les agradeceré bastante: intentar darme una muy buena formación. Si no la adquirí, fue culpa mía.

Eso es lo que yo quiero dejar a mis hijos, porque si me pongo a pensar en lo que va a pasar en el futuro, me entrará la depre y además, no servirá para nada, porque no les ayudaré en lo más mínimo.

A mí me gustaría que mis hijos y los hijos de ese señor que me ha escrito y los tuyos y los de los demás, fuesen gente responsable, sana, de mirada limpia, honrados, no murmuradores, sinceros, leales.

Lo que por ahí se llama "buena gente".

Porque si son buena gente harán un mundo bueno. Y harán negocios sanos. Y, si son capitalistas, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano. (Si son mala gente, demostrarán con sus hechos que el capitalismo es sano, pero que ellos son unos sinvergüenzas.)

Por tanto, menos preocuparse por los hijos y más darles una buena formación: que sepan distinguir el bien del mal, que no digan que todo vale, que piensen en los demás, que sean generosos....... (En estos puntos suspensivos podéis poner todas las cosas buenas que se os ocurran).

Al acabar una conferencia la semana pasada, se me acercó una señora joven con dos hijos pequeños. Como también aquel día me habían preguntado lo del mundo que les vamos a dejar a nuestros hijos, ella me dijo que le preocupaba mucho más qué hijos íbamos a dejar a este mundo. A la señora joven le sobraba sabiduría, y me hizo pensar. Y volví a darme cuenta de la importancia de los padres. Porque es fácil eso de pensar en el mundo, en el futuro, en lo mal que está todo, pero mientras los padres no se den cuenta de que los hijos son cosa suya y de que si salen bien, la responsabilidad es un 97% suya y si salen mal, también, no arreglaremos las cosas.

Y el Gobierno y las Autonomías se agotarán haciendo Planes de Educación, quitando la asignatura de Filosofía y volviéndola a poner, añadiendo la asignatura de Historia de mi pueblo (por aquello de pensar en grande) o quitándola, diciendo que hay que saber inglés y todas estas cosas.

Pero lo fundamental es lo otro: los padres. Ya sé que todos tienen mucho trabajo, que las cosas ya no son como antes, que el padre y la madre llegan cansados a casa, que mientras llegan, los hijos ven la tele basura, que lo de la libertad es lo que se lleva, que la autoridad de los padres es cosa del siglo pasado. Lo sé todo. TODO.

Pero no vaya a ser que como lo sabemos todo, no hagamos NADA.

P.S.

1. No he hablado de los nietos, porque para eso tienen a sus padres.

2. Yo, con mis nietos, a merendar y a decir tonterías y a reírnos, y a contarles las notas que sacaba su padre cuando era pequeño.

3. Y así, además de divertirme, quizá también ayudo a formarles.

Leopoldo Abadía, autor del libro "La crisis ninja"

sábado, octubre 25, 2008

El mundo que queremos, y el mundo que tenemos

Este texto lo he recogido de un libro sobre los buenos tratos a la infancia, del cual publicamos aqui un artículo (Adopcion. Libros. Los buenos tratos a la infancia ) , y he querido publicarlo, porque aunque se le puede tachar de ser un poco pesimista, creo que refleja bastante bien, los problemas con los que los niños se encuentran en esta sociedad que estamos creando.


En este "Manifiesto por los niños" el autor reclama una sociedad más orientada al cuidado de sus "crías", entendiendo que éstas (los niños y niñas del mundo), serán los padres del mañana, y que por tanto, si ahora no los cuidamos y les damos recursos para ser personas íntegras y seguras de si mismas, no podemos enabsoluto garantizar que cuando sean mayores, puedan hacerlo mejor que nosotros.


Hace también una disertación, desde mi punto de vista bastante acertada, sobre como el factor genético se quiere utilizar desde diferentes organismos y entidades para asociarle comportamientos y características que en muchos casos son patentes en los niños con problemas de integración o comprotamientos claros de exclusión social. Como si esta estigmatización, nos sirviera a nuestra sociedad, como elemento exculpatorio de nuestra responsabilidad con respecto a estos niños.


Es largo, pero invita a la reflexión y vale muchísimo la pena para que nos planteemos "qué tenemos versus qué queremos" de la sociedad que forme a nuestros hijos.


Algunos artículos relacionados :


Adopción. El concepto de Raza
Como condiciona la consanguinidad a nuestra sociedad
Adopción. Adaptación. Causas y manifestaciones de un apego inseguro
Adopción. Adaptación. Efectos reparatorios del apego


--------------------- Inicio del artículo -------------------------


Capítulo 6 . La ecología familiar, social y cultural de los malos tratos infantiles (pág. 127)

En una conferencia ofrecida en el marco del seminario internacional “Manifiesto por los niños” en Bruselas, organizado por el Fondo Houtman, expuse y argumenté que el desequilibrio económico mundial es la causa fundamental del deterioro de la saludo mental en los países ricos y sobretodo de los pobres del planeta. Este deterioro es visible en todos los participantes de la vida social: las personas, las familias, las comunidades y la sociedad entera. Esta situación conduce a la emergencia de una nueva morbilidad para los niños a escala planetaria. Los niños y niñas, tanto de los países ricos como de los países pobres, sufren la incapacidad del mundo adulto para crear contextos con justicia social, sin violencia ni exclusión social. Pero, además, tienen que integrar en su personalidad en desarrollo que para poder ser hay que tener, o lo que es más grave aún, que “ser” es lo mismo que “parecer”.Todo esto va englobado y camuflado en una ideología que, utilizando sobretodo imágenes virtuales en la televisión, Internet y otros medios de comunicación, fuerza a los niños y jóvenes al consumo, fomenta el individualismo e hipertrofia la capacidad de los deseos en desmedro de la responsabilidad y la pertenencia social. Esto tiene una traducción en la emergencia de una morbilidad mental específica en los hijos e hijas de las clases favorecidas. Ésta se expresa en comportamientos abusivos y violentos, consecuencia , entre otras, de la hipertrofia del deseo y de la no aceptación de la jerarquía ni la autoridad de los adultos. Trastornos alimenticios como la bulimia y la anorexia responden a la presión social por parecer; el consumo de alcohol y drogas, junto con la depresión, tentativas de suicidio y suicidios, son la manifestación de una gran soledad afectiva, de falta de sentido y desintegración de los tejidos familiares y sociales. Todo esto está englobado en un contexto cultural planetario que propone como marco de referencia la mentira, el engaño y el pensamiento único para construir una identidad.

En el caso de los hijos e hijas en los sectores desfavorecidos de los países ricos y de los países pobres, su sufrimiento se expresa en una serie de fenómenos que siempre han existido pero que no dejan de aumentar, como el hambre, la desnutrición, las altas tasas de mortalidad infantil. Pero, además, se agregan otros fenómenos, como el de los miles de niños y niñas que cada vez en mayor cantidad se ven obligados a emigrar a los países ricos y dejan a sus familias y sus comunidades para salvar la vida de las guerras, el hambre, o las enfermedades.

A estos niños y niñas que viven en situación de riesgo por falta de protección en los países ricos, comparables a los niños de la calle de los países pobres, se les atribuye el calificativo de “niños no acompañados”. Sin embargo, al llamarles de esta manera se mistifica el origen de su situación, insinuando que el origen de su emigración está vinculado a una irresponsabilidad de sus padres. Por ello, sería más justo reconocer que son niños y niñas víctimas de este desorden mundial que denunciamos.

Pero esto no es todo. Junto con estos fenómenos, tenemos otros de igual gravedad, como los niños y niñas con sida o huérfanos de padres con esta enfermedad, los niños y niñas soldados, los niños y niñas que viven en las calles o son explotados por el trabajo infantil y la prostitución.

El papel del entorno en el bienestar infantil

Aunque la genética y la biología determinen los límites de la estructura del ser humano, la importancia del entorno como elemento modulador de lo que en definitiva llegará a ser un niño o una niña es un hecho indiscutible. En estos momentos existe suficiente información para afirmar la existencia de un proceso interactivo permanente entre el sujeto biogenética y su entorno vital. Este entorno deja huellas en las vivencias infantiles, por lo tanto nadie puede negar que los contextos de vida, los del pasado y los del presente, influyen en la construcción de la personalidad de un niño o una niña. Tanto las relaciones afectivas como la cultura, los contextos sociales y económicos, e incluso la política, repercuten en la vida de un niño o una niña.

Por ello, ante cualquier tentativa de explicar la singularidad de un comportamiento o atributo infantil como mera expresión de los componentes innatos o adquiridos, es lícito suponer la existencia de un objetivo político-ideológico de quien lo afirma.

La argumentación racional para probar lo afirmado corresponde más a las creencias ideológicas de quienes lo afirman que a la realidad científica de los fenómenos. Desgraciadamente estas afirmaciones pueden ser aceptadas más fácilmente por los adultos –padres incluidos- , en la medida en que les proporcionan argumentos que los liberan de la responsabilidad de asumir lo que está ocurriendo con los niños y niñas en dificultad.

Precisamente las afirmaciones reductoras y categóricas que atribuyen una causalidad biogenética a fenómenos tan dolorosos como el de los niños de la calle o el de la delincuencia juvenil son un ejemplo de lo dicho anteriormente.

Las historias de vida de estos niños y niñas nos proporcionan suficiente información para afirmar que sus potencialidades de desarrollo se truncaron justamente debido a los entornos desfavorables de donde nacieron. Desgraciadamente, para muchos de ellos la ecología uterina les fue desfavorable, pues en el seno materno fueron intoxicados por el alcohol o las drogas que consumían sus madres, o dañados por las manifestaciones del estrés crónico como consecuencia de la pobreza, la violencia conyugal de los progenitores o la ausencia de apoyo social . El nacimiento y la infancia temprana de estos niños y niñas están inundados por las influencias dañinas que ningún niño o niña debería conocer. Negligencia extrema, maltrato físico precoz y experiencias de abuso sexual son los ingredientes que constituyen sus historias. A esto se agrega la violencia de la no solidaridad y la indiferencia de unos adultos, muchos de ellos profesionales – médicos, enfermeras, matronas, profesores, psicólogos – que no fueron y no han sido capaces de conectarse con el sufrimiento manifestado precozmente por estos niños y ofrecerles apoyo y protección.

A diferencia de otros niños y niñas que nacen con estrella, estos niños nacen “estrellados” y el mundo adulto sigue estrellándoles con su violencia e indiferencia. Estos niños sobrevivientes del desamor desarrollan estrategias de supervivencia para obtener como sea los nutrientes básicos para no morirse, así como una práctica de supervivencia que les predispone a desarrollar todo tipo de conductas, afectos y creencias para mantenerse vivos. La calle se transforma en su mundo; los robos y el engaño en los comportamientos predadores para sobrevivir, y las drogas en los analgésicos para resistir tanto dolor acumulado.

Por lo tanto, atribuirles a estos niños y niñas la culpa de lo que les pasa invocando factores innatos, no sólo es una manifestación de insensibilidad humana, sino que, lo que es más grave y vergonzoso, es una clara manifestación de cobardía. Esto denota la incapacidad del mundo adulto para asumir la responsabilidad del tipo de entorno que está ofreciendo a sus crías. En vez de asumirlo, opta por dar explicaciones que hace de los niños y niñas más desfavorecidos los chivos expiatorios de sus incapacidades, injusticias y violencias.

De lo enunciado se desprende que los adultos que dominan este mundo deben asumir la responsabilidad ética del mundo que están construyendo. Pero, sobre todo, deben introducir los cambios estructurales para corregir este rumbo de destrucción y violencia. Los que no participamos de la dominación ni el poder tenemos la obligación de seguir trabajando en torno a la idea de que otro mundo es posible para nuestras crías y para nosotros. Este mundo está emergiendo en las múltiples mujeres y hombres, verdaderas gotas de agua pura que jamás han cesado en la protección de la vida y han defendido el amor y la solidaridad. Por ello nos implicamos cada vez más en dinámicas de buen trato y de convivencia en todos los ámbitos de nuestra vida social.

miércoles, octubre 24, 2007

Adopcion.Luchando por los derechos de los niños


Este artículo lo ha escrito Pilar Rahola, que además de ser una persona de sobras conocida por aparecer bastante en los medios de comunicación, es además madre adoptiva.

Se trata de un artículo desde mi punto de vista demoledor, crudo y que nos habla de una experiencia personal que como personal es particular, pero reivindica la situación de indefensión de los niños que creo que se merece que se denuncie a diario en nuestra sociedad . En este blog hemos siempre reivindicado el peso que tiene la sangre todavía en nuestra sociedad a la hora de determinar los derechos de los niños (Consanguinidad y prejuicios), y como ésto afecta a la estabilidad de unos niños que en muchísimos casos han encontrado la felicidad que un juez les arrebata por el capricho de un adulto que vinculado a él por la sangre decide entrar y salir de sus vidas. Siempre me sorprende que algo tan claro como el predominio del amor a la sangre, sólo lo veamos tan claro los padres adoptivos, y que el resto de padres biológicos les cueste en tantos casos comprenderlo. Siempre me he conformado pensando que somos una minoría, y que como tal hemos de luchar por hacernos un hueco en la sociedad, pero en este caso hablamos de niños y sus derechos, y éstos sí que NO SON UNA MINORIA. Como publicamos ya en un artículo (Aspectos claves de la evolución del niño), “el niño es el padre del hombre”, y debemos respetarlo y protegerlo desde su existencia si queremos crecer como colectivo. Cada uno de nosotros podemos hacer en la mayoría de los casos poco, pero planteémonos al menos qué estamos dispuestos a hacer para mejorar la situación de los niños, pues no es un tema que sea tan lejano (Alba, una víctima).

Es bastante largo, pero recomiendo encarecidamente su lectura, no sólo por la poes´çia y sensibilidad que desprende, sinó también por la reivindicación de los derechos de los niños, que tanta falta hace.Otros artículos relacionados : Adopcion. El derecho a ser familias normales. Adopción. La espera. Adopción Internacional:"El derecho de todo niño a tener una familia" Hay que saber anteponer los derechos del niño sobre todos los demás

Prejuicios

---------------------------------- Inicio del artículo -------------------------------------

BARCELONA

La intensa mirada triste de sus ojos almendrados! Miraba hacia adentro, como si el exterior fuera el paisaje de todas las pesadillas. No nos vio. No vio la pequeña oveja de peluche que danzaba un baile imposible y derrotado. No vio a la joven que le dedicaba una sonrisa defiesta mayor, enternecida y asustada. Esa joven que sería suhermana… No vio al hombretón que quería abrazarla, torpe eindeciso, tan vulnerable en su notable corpulencia, un vasco de lejanagenética que suspiraba por ser su padre. Ese hombre que, al ratito,lloraría como un niño. Y no. No me vio, yo, su madre, ataviada con las mejores galas de los sueños, aún atrapada por los miedos queasaltaban el alocado latido del corazón.

Ese día, Ada llevaba llorando algunas horas, no se sabe cuántas, porque la pierna se le había aprisionado con los barrotes de la cunay nadie consideró que aquello fuera su asunto. Llorar, en un hospital perdido de la Siberia perdida, con el llanto de una niña perdida, no es ninguna noticia en los confines del mundo, allí donde no lleganlos mapas de la conciencia.

Tenía neumonía, pero no era su primer reto. Con trece mesescumplidos, ya se había enfrentado a una hepatitis, algunasbronquitis, una salmonelosis y la persistente sarna que laacompañaría hasta su nuevo hogar. Su nueva vida. No tenía desarrollados los músculos del cuello, porque nunca, nadie, lededicaba un "aupa" juguetón. En las piernas, pequeñas llagas de su infancia sin pañales, y en los pies, la nostalgia de unos zapatos que nunca había usado. Los potecitos de ternera y verduras le provocaron una inflamación del hígado –demasiada proteína para su cuerpo virgen– y la piel se tiñó de pequeñas manchas rosáceas. Ante la comida, escondía sus manos en la espalda, como si temiera tocarla, y abría una boca de espanto.Le dolía el sol y cuando empezó a practicar una extraña y nueva diversión, pasear, huía de sus rayos como si fueran rayos defuego. Ese día no nos miró. Y ese día, como tantos, tampoco nos sonrió.

Ada tardó casi tres semanas en esbozar la primera sonrisa, una tarde, desde su nueva cuna, en su nueva ciudad, en el umbral de su nueva vida, y esa tarde supimos lo que era la poesía. Había iluminado su cara, y la luz traspasó nuestras dudas. Ese día supimos que habíamos vencido. Hoy Ada es una cereza dulce que engalana nuestra vida y corretea por nuestra alma, agitándola, maravillándola, embelleciéndola. Se ha convertido en un vampiro de amor, y reclama abrazos y besos a todas horas, como si fueran a acabarse. Como si cada día fuera el último día. Sí. Es una niña feliz, y el recuerdo de la niña que fue es una tenue sombra que esporádicamente visita sus sueños, una heridita en la retina del recuerdo, una lejana maldad. Forma parte de lo que ella fue, pero ya no es.

Sin embargo, ¿cuántas como ella, cuántas Adas lloran su invisibilidad en los rincones del mundo, en las esquinas oscuras donde no habitan nuestras preguntas ni nuestras inquietudes? ¿Cuántas, en las calles donde construyen su soledad? Niños que aprenden a esquivar un golpe, antes de saber lo que es un beso, supervivientes del dolor y del miedo. Decenas de ellos, centenares de ellos, miles de ellos, sin campanitas ni árboles de Navidad. Algunos abandonados a su suerte. Otros, abandonados a la suerte de padres terribles que los maltratan, los violentan y los destruyen. Sus protectores, los ogros de sus cuentos. En las Siberias lejanas y en los barrios cercanos, al albur de adultos que saben de su desamparo y de la fragilidad con que tutelamos sus derechos.

Esa es la cuestión central que atañe a los derechos de la infancia: su fragilidad. Los niños tienen derechos, previos a los derechos que los adultos tengan sobre ellos. Pero ¿es ésa la mirada que proyectamos sobre la infancia? La casuística es rotunda y trágica. Si lo analizamos en términos globales, los niños son usados para todo tipo de abusos, desde usos bélicos o terroristas hasta trabajos forzados, prostitución, droga o puro abandono.Millones de ellos, perdidos en las calles de la miseria y el hambre, convertidos en camellos, en juguetes sexuales o en bombas humanas. Sometidos a abusos con la total impunidad que da saber que el niño es la última de las prioridades. En la ley y en los territorios sin ley.

Sólo en la guerra de Irán contra Irak, se utilizaron más de cien mil niños, según datos de la Unicef. Eran usados para limpiar los campos de minas. Su protección: unos versículos coránicos y una llave de plástico, que les decían que era la llave del Paraíso. Se calcula que murieron nueve sobre diez. También es una práctica el uso de jóvenes para atentados terroristas, y la mayoría de ellos son adoctrinados a la edad de siete u ocho años.Y si el foco se acerca a los opacos territorios de la prostitución, la presencia de niños es una constante en casi todos los burdeles del Tercer Mundo. Del tercero y, a veces, del primero.

Sólo en Nepal, según datos de las organizaciones que trabajan contra esta lacra, más de 5000 niñas son vendidas al año, para ser usadas en esta práctica. Usadas por los adultos de sus propios países, pero también por señores de lindos trajes, avión en primera, Visa oro y moral en la frente. Y de la prostitución a laesclavitud, o los trabajos forzados en los telares donde el mundo no tiene mirada, en las minas donde sus pequeños dedos son especialmente útiles, en las fábricas donde sus pulmones no llegan a crecer. La conciencia del mundo permite, acepta, tolera el abuso de millones de niños, porque ha decidido no mirar. Y al no mirar, no saber. Y al nosaber, ninguna obligación de hacer.

Pero este artículo quiere aproximar aún más la lupa, quizá para ver de cerca nuestras propias miserias. En los países decentes, es decir, aquellos que regulan las leyes de protección de los menores y consideran los derechos humanos como la fuente de inspiración de las leyes, no todo es oro en la protección de la infancia. Especialmente sonoro es el tema de los niños bajo tutela del Estado, previa infancia con abandonos, maltratos y todo tipo de vejaciones. Estos niños, que podrían ser dados en adopción, y tener una segunda oportunidad, se ven atropellados por todo tipo de leyes, jueces y legisladores que aún anticipan el derecho ancestral de la sangre al derecho que todo niño tiene a ser cuidado, amado y respetado. Como si el ADN otorgara carácter de propiedad a los padres, como si los adultos tuvieran más derechos sobre los niños que los propios niños.

Los ejemplos están a flor de noticia y sacuden nuestras conciencias frecuentemente. En agosto pasado, por ejemplo, el caso de los hermanos mellizos en Buenos aires que, con seis años de vida con una familia, fueron obligados a volver con la madre no es excepcional, pero es, como todos, brutal, y resulta paradigmático. No tengo duda de que la jueza actuó al amparo de la ley, aunque las leyes permiten muchas lecturas y la que ella escogió lesionó a los niños.

En el caso, pues, de que la jueza no hubiera tenido margen (que lo dudo) y de que la ley obligara al incomprensible retorno de unos niños, cortándoles de cuajo la normalidad, la seguridad, los vínculos sentimentales que habían establecido y las esperanzas que habían tejido, el problema lo tendríamos en la ley. En la Argentina y en la mayoría de los países.

Pensadas para blindar el concepto de maternidad, como si fuera una especie de tótem sagrado, y vinculada la maternidad a la pura biología, las leyes de nuestros países desprotegen severamente a los niños y los convierten en peones de partidas de ajedrez demoníacas, donde padres que aparecen y desaparecen, a menudo con historiales de maltratos y abandono, pueden cambiarles la vida y desarraigarlos de los arraigos que, frágilmente, habían construido.

No puede ser que los padres biológicos tengan el derecho a reclamar durante años a los niños, no puede ser que tengan el derecho a destruirles la vida para volverla a recomponer de cualquier manera, no puede ser que los niños sean forzados a reinventarse, como si fueran ellos, y no el adulto, los que crearon el problema. Si la madre de los mellizos hubiera amado seriamente a estos niños, nunca los habría arrancado, seis años después, de la vida que tenían desde los tres meses de edad. Es una barbaridad. Y es una maldad. Pero desde la perspectiva legal, es una desprotección que deja al niño en un desamparo severo, al capricho de los caprichos de una madre que ahora entra y ahora sale de sus vidas. Puede que la jueza se preocupara por los derechos de la madre biológica, pero su sentencia no amparó ni un solo derecho de los propios niños.

Tenemos que cambiar el chip mental, el paradigma social que inspira las leyes de la infancia y que arraiga en una concepción feudal de la paternidad y la maternidad es profundamente injusto. No son padres quienes traen un niño al mundo, sino quienes les garantizan sus derechos básicos, el derecho a ser amados, a ser protegidos, a ser educados, a ser alimentados, a no ser violentados, a ser respetados. Si esos derechos fundamentales no están garantizados por la biología, la sociedad tiene que garantizarlos por medio de la adopción, la guarda o cualquier otra alternativa social. Contrariamente, nuestras sociedades convierten la adopción en un vía crucis de años, luchas, burocracias y obstáculos, dificultan la guarda con una permanente inseguridad y dan carta blanca a los padres biológicos para jugar con las vidas de los niños durante años. Es una aberración del derecho, si por derecho entendemos la defensa de los más frágiles. En cuestiones de infancia, estamos lejos de ser garantes de su protección.

Y vuelvo a Ada. Estos días ha empezado sus clases de hípica. Tiene un caballo que se llama Fru-fru y le da manzanas y zanahorias despuésde cada sesión. Me dice, mirándome con sus bellos ojos almendrados: "Mami, soy muy feliz". La escucho y siento una intensa sensación de triunfo, un hondo orgullo, un plácido descanso. Conseguimos vencer el miedo y ganar la batalla de la felicidad. Ella puso todo. Nosotros pusimos lo que pudimos. Y, por elcamino, el amor nos entrelazó para siempre. Ada es feliz. Pero en los meandros de la noche, cuando me vuelven las pesadillas, recuerdo a esa niña que un día fue y ya no es, su mirada sin mirar, su cuello sin fuerza, sus piernas con heridas, sus labios sin sonrisa, su profundo cansancio de vida sin vivir. Y pienso en las Adas que dejé en aquella lejana Siberia o en las que habitan en las cercanas barriadas de mi ciudad, allí donde no llegan las noticias. Pienso en las Adas que no tienen Navidad. Y la conciencia se convierte en un martillo.

Pilar Rahola

miércoles, octubre 25, 2006

Adopcion. El derecho a ser familias normales.


Adopcion. La espera. Declaración de derechos y obligaciones
Se trata de un mensaje que han enviado a las listas de adopchina (China@adopint.org), y que refleja lo más profundo del sentimiento de una familia adoptante.
Para leer los padres adoptivos y hacer leer a todo aquél que quiera saber lo que sentimos.
----------------------- Inicio del artículo --------------------

El derecho a ser familias normales

Las familias adoptantes somos familias que aspiramos a la serenidad y a ser felices como cualquier ser humano.

Deseamos disfrutar de una normalidad imprescindible para el desarrollo de nuestros hijos y por esto hemos luchado y seguiremos luchando todos los días, con todas nuestras fuerzas, defendiendo el derecho de todos los niños y de nuestros hijos, que son niños, a ser tratados con atención y respecto.

En estas últimas semanas hemos asistido a un sin parar de proclamas y comentarios, vertidos en los medios de comunicación, sobre la adopción y la adopción internacional en especial.

Teorías y afirmaciones que, a pesar de que podemos suponer son fruto de buenas intenciones, han generado un evidente y palpable clima de sospecha y hostilidad.

En una parte de la ciudadanía se ha forzado una idea equivocada de la adopción internacional y de las familias, que gracias a este camino, han podido o desean llenar sus hogares de felicidad y de día a día, de alegría y de preocupaciones, de esa a veces dificil plenitud que deriva y revierte en el bienestar de los niños, de aquellos miles y miles de niños que no han tenido nunca una verdadera familia o que en algún momento la han perdido.

Defendemos:

El derecho del niño a no estar ni un día más de lo estrictamente necesario en un orfanato, centro, institución o como se quieran definir aquellos lugares que todo pueden ser, pero nunca el mejor lugar donde ir acumulando años.

El derecho de cualquier niño a ser querido, cuidado, amado y protegido, es decir el derecho del niño a tener una familia.

El derecho del niño a tener un futuro.

El derecho del niño a tener oportunidades.

El derecho del niño a vivir y no a sobrevivir.

El derecho del niño a ser un niño.

El derecho del niño desamparado a dejar de serlo.

El derecho del niño a no verse obligado a hacerse adulto mientras los adultos buscan soluciones a los desastres provocados por ellos mismos.

El derecho del niño a no morir mientras se buscan soluciones adecuadas...

Las familias adoptantes deseamos que se proteja la legalidad y que las leyes se cambien si no son eficaces instrumentos de protección de los derechos de los niños.

Las familias adoptantes luchamos cada día para que los derechos, la prepotencia y los prejuicios de los adultos, se llamen sangre, entorno, estados, nunca se sobrepongan a los reales derechos de los niños que ya han nacido o supongan para un sólo niño un sufrimiento innecesario.

Las familias adoptantes estamos en primera fila y concienciado más que nadie en la batalla contra el derecho de propiedad que ciertos adultos pretenden ejercer hasta las últimas consecuencias.

Las familias adoptantes tenemos en nuestras filas el porcentaje más elevado de adultos que desean que no exista ni un niño más que sufra en este mundo. Nada justifica el sufrimiento de un niño, nada justifica su muerte.

Es profundamente injusto oponer el deseo de ser padres a los derechos del niño a tener una familia, los dos elementos tienen que coincidir o no existirá nunca una real solución al derecho del niño de disfrutar de la mejor familia para él.

Las acusaciones realizadas de una forma generalizada son por esto superficiales y pueden llegar a ocultar los verdaderos problemas y alejar su solución definitiva, nunca los proclamas, ni de buenas intenciones serán la solución a los problemas de los niños.

Las irregularidades, siempre cuando las hayas, tienen que ser corregidas directamente.

Los proclamas y los anuncios son más propios de la propaganda electoral, que de una eficaz acción para solucionar los problemas.

Las asociaciones de familias adoptantes reivindicamos haber sido siempre los máximos defensores de la legalidad y del buen hacer, por encima de cualquier interés particular y por delante de otras entidades.

No podemos aceptar que se diga o se sugiera lo contrario.

Pretendemos que los responsable de la Administración encargados de la defensa de la familia, a cualquier partido político y color pertenezcan, extremen todas las precauciones posibles a la hora de verter en los medios afirmaciones que hacen un daño incalculable sobre todo y como siempre al anillo más debil: los niños.

El mayor derecho de los niños es poder crecer en un entorno familiar seguro, íntegro, rodeados de ese cariño y de esos cuidados que representan un factor imprescindible, superior a cualquier otro aspecto en la defensa de sus derechos: el deseo de ser padres se junta y permite sin contradición alguna la realización de este derecho.

Estamos muy lejos de querer colgarnos ni que nos cuelguen medalla alguna. Pero tampoco deseamos que nos metan a todas en un mismo saco por la razón exactamente opuesta.

Las familias adoptantes deseamos se nos reconozca el derecho a ser familias normales y poder servir todos los día a los derechos superiores del niño, de cada niño y por supuesto de esos niño que son o serán nuestros hijos.

(Roberto Pili)

miércoles, agosto 30, 2006

Prensa.Prejuicios. Artículo divertido. El negro


Prensa. Prejuicios.

Este es un artículo que leí hace mucho tiempo en el diario El Pais, y el otro día lo encontré perdido entre unos papeles, y he querido ponerlo en el blog por lo bien escrito que está y lo ameno que es.

Denuncia como los prejuicios a veces no nos dejan ver la realidad tal y como es.

Muy recomendable.

El artículo es de Rosa Montero y está extraído del cortometraje "The lunch date" de 1991.

El negro

Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa. Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos. Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja. De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países. De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortes ía con el chico negro. Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta.

Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella. Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.

Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba:

"Pero qué chiflados están los europeos".

Sobre la propiedad intelectual: toda la información que hay en este blog ha sido extraí­da de internet de forma pública. Si hay alguna información que te pertenece y crees que no debe estar, nos lo pides e inmediatamente la retiraremos.