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domingo, abril 16, 2006

Adopción. El concepto de Raza

Adopción.
Un artículo muy recomendable donde analiza la ignorancia de nuestra sociedad respecto al concepto de raza, que extraje del número 7 de la revisat Nihao de AFAC que se puede consultar en internet en formato pdf (http://www.afac.info/fileadmin/seccions/Archivos_.pdf/Nihao/Nihao_7.pdf )

El concepto de raza

“El racismo es tan racional como juzgar el contenido de un libro por sus tapas”

El Perich

Hace unos meses asistí por motivos profesionales a un simposium médico en una conocida ciudad europea. Dado que mi profesión no es la de médico el interés que muestro ante las distintas comunicaciones varía en función de la capacidad del ponente en hacer más o menos amena la presentación. Precisamente hasta que llegó la comunicación que me ha motivado a escribir estas letras, estaba luchando por mantener mis ojos abiertos. Y en uno de esos breves intervalos en que mis ojos y oídos estaban medianamente atentos, escucho al ponente (médico de reconocido prestigio en su campo) hablar de raza mejicana, raza caribeña y otras muchas razas que parece que existen en esta tierra que poblamos.

Fué a partir de esa presentación que empecé a reflexionar sobre la necesidad de luchar contra el racismo desde los tópicos y tics instalados en la denominada sociedad culta. Un aspecto olvidado a mí entender por las organizaciones que trabajan en la defensa de los derechos humanos y
contra el racismo en especial.

El concepto de raza impregna cada estrato de nuestra sociedad. La obsesión humana por clasificarlo todo -en terminología de marketing sería segmentarnos lleva a seguir clasificándonos a nosotros mismos en decenas de razas.
La palabra raza forma parte de nuestra vida. En algún momento del día es muy probable que la escuchéis por distintos motivos. El aumento de la inmigración provoca comentarios en personas supuestamente “cultas” que hacen sonrojar. La confusión entre diferencia racial y diferencia cultural es una realidad. Cantantes alejados de cualquier sospecha de intolerantes o racistas usan mal la palabra raza. Grandes viajeros alejados de prejuicios y abiertos a dejarse impregnar de cualquier cultura caen en la trampa de hablar de razas. La declaración universal de los derechos humanos nos habla de raza. Incluso en el Forum Universal de las Culturas de Barcelona también aparece el concepto de raza. Es más, muchos de los que estéis leyendo ésto presumís de tener una hija/o de otra raza como un hecho hermoso, lo que muestra que en muchas ocasiones se habla de raza desde la más absoluta buena fe. Nos han educado con estos conceptos y los hemos asumido con absoluta normalidad.

Pero tened muy claro que vuestra hija/o pertenece a la misma raza que vosotros, la única existente, la humana.

Esta afirmación no implica que la diversidad no exista. La diversidad humana es un hecho que salta a simple vista, pero no por ello debemos estructurarla en razas.

Hacer un repaso histórico de la evolución del concepto de raza a lo largo de los dos últimos siglos nos llenaría la revista entera y tampoco es lo que pretende este artículo, así que un repaso hiper escueto y poco científico pero aclarador sería más o menos así:

En el siglo XIX pensaban que la especie humana, igual que el resto de animales que poblaban la tierra, se podía clasificar en subespecies o razas. Las supuestas subespecies se clasificaron según la apariencia externa del cuerpo, sobre todo, según la pigmentación de la piel. Lo tenían muy claro, tres colores, tres razas: blanca, negra y amarilla. Incluso en el mundo cristiano occidental se creía que los tres hijos de Noé supervivientes del diluvio representaban las tres razas.

Esta clasificación no tardó en mostrarse insuficiente para explicar las diferencias físicas humanas. Entre los blancos había diferencias, también las había entre los negros, la clasificación racial empezó a crecer hasta llegar a clasificaciones que dan miedo: se “crea” la raza morena, dentro de los amarillos se diferencian entre los tártaros y los chinos. Quedan sin clasificar por dudas de esos científicos del siglo XIX, los malayos, y los indios de América (ya sabemos como les llamaron cuando llegaron los colonos). Aparecen más subespecies: cabellos lisos y cabellos rizados. La primera se dividía en once razas entre las que estaba la europea y la segunda contenía cuatro razas negras.

Y por fin, después de tanto clasificar, se establece una clasificación jerárquica evolutiva de inferiores a superiores y los blancos nos conver timos en la raza civilizada y por tanto superior. Si nos provocamos una empatía retroactiva e intentamos ponernos en la mente de esos científicos del siglo XIX tal vez descubramos que no obraban de mala fe, si no que realmente estaban convencidos de trabajar para la humanidad. Quiero pensar eso al menos por aquello de seguir creyendo en nuestra especie.

El problema es que con la creencia de la existencia de razas humanas y la distinta clasificación de ésta, convirtió el concepto de raza en algo que ha sido funesto para la historia de la humanidad y que lamentablemente aun hoy está presente a pesar de que desde algunos sectores de la propia ciencia se lleva años intentando erradicar el término.

Por poner un ejemplo muy lejano en el tiempo, en el año 1966 en un simposium de la asociación americana para el desarrollo de la ciencia se pedía a todos los científicos que dejaran de usar el término raza por el de poblaciones humanas. En este mismo simposium el profesor J.P. Scott decía: “ la comprensión de la naturaleza biológica de las poblaciones conducirá finalmente al abandono del término raza, con sus connotaciones indeseables y erróneas. Cuando ésto suceda, el resultado será una revolución científica, revolución que ya está teniendo un lento pero inevitable efecto mundial sobre la conducta y las organizaciones sociales.”

Pues es evidente que las cosas no han ido por este camino y que las recomendaciones de la asociación americana para el desarrollo de la ciencia en el año 1966, no han cuajado. No sólo han quedado en un saco olvidado si no que hoy en día biólogos y genetistas como Cavalli-Sforza, Lewontin o Carles Lalueza son absolutamente desconocidos no sólo por el gran público si no por la propia ciencia médica. No hay más que preguntar a un estudiante universitario la definición de raza, y muy probablemente, os dará una respuesta incoherente.

Dirigentes políticos y muchos catedráticos de universidad no saldrían mejor parados. Los medios de comunicación a menudo emplean mal el término. La medicina, como comentaba en la pequeña anécdota introductoria del artículo, no sólo no ha hecho una puesta al día en este aspecto si no que a día de hoy aparecen nuevas razas por el simple motivo de dar forma a estudios con la idea de poder publicarlos y hacer currículo.

Muchos de estos trabajos se acercan peligrosamente, sin saberlo probablemente, al denominado “determinismo biológico”. Este se basa en la creencia de que las desigualdades de nuestra sociedad no son una construcción social, sino que tienen una base biológica inalterable. Según éstos, muchos rasgos sociales que diferencian los seres humanos se heredan.

Muchos padres adoptivos sin estar doctorados en Harvard ya podemos tumbar esta teoría aún vigente. El determinismo biológico está muy cerca del racismo y éste existe por la constante clasificación de los seres humanos en razas, una invención social sin soporte biológico real. No valen matices, hay que eliminar el concepto de raza de nuestro vocabulario.

Como todos sabéis el aspecto físico de las personas se transmite de padres a hijos a partir de los genes y ésto hace que de mayores, los hijos se parezcan a sus padres y sus madres, aunque si me permitís la broma, mi hija cada día se parece más a mi mujer.

Los humanos actuales procedemos de un único lugar situado entre el centro y el noreste de África.

Desde hache la especie humana se extendió por todo el planeta. No ha pasado el suficiente tiempo ni los humanos han estado lo suficientemente aislados para que se produjera una diferenciación
en razas. La mezcla de la especie humana a lo largo de miles de años ha sido muy alta. Genéticamente, todos somos mestizos y físicamente, nos diferenciamos más a medida que nos alejamos del centro africano.

Se ha calculado que cerca del 85% de la variación genética total tiene lugar entre individuos de una misma población, mientras que un 8% se da entre poblaciones diferentes dentro de los continentes y únicamente el 7% restante corresponde a diferencias genéticas entre grandes grupos humanos, como podrían ser, europeos, africanos o asiáticos.

Según Richard Lewontin , genetista de la universidad de Harvard, si hubiera una hecatombe mundial y desapareciera toda la humanidad excepto un pequeño grupo de individuos, de por ejemplo, una tribu perdida de Nueva Guinea, se habría preservado un porcentaje muy elevado, en torno al 80%, de toda la diversidad genética de la humanidad. Si se me permite la ironía, puede haber más diferencias genéticas entre uno de Terrassa y uno de Sabadell, (ciudades históricamente rivales) que entre un servidor y mi hija nacida en el continente asiático.

Es evidente que la variación existe. La especie humana es muy diversa, especialmente desde el punto de vista morfológico.

Está claro que hay diferencias en la piel y en los ojos, de ésto sabemos mucho nosotros, pero también está más que demostrado que son factores de adaptación a variables ambientales como el clima o la dieta.

Podéis creer que estoy tentado en detallar el por que de las diferencias en la pigmentación de la piel en los seres humanos, pero ésto se alargaría demasiado y me han prestado espacio para un artículo, no para un Nihao monográfico.

Padres y madres, tenemos la responsabilidad de transmitir a nuestros hijos unos valores basados en conceptos alejados de las clasificaciones raciales.

Si con estas pocas líneas he conseguido que algunos os suméis a trabajar en pro de la eliminación del concepto de raza en vuestro entorno más cercano, me daré por satisfecho. No es fácil, discusiones las tendréis, pero no hay que desistir en las causas justas. Si he conseguido que deseéis profundizar en el tema y los libros de Cavalli-Sforza, de R.C. Lewontin, de M. Mead o de C. Lalueza empiezan a venderse a decenas en las librerías, no sólo haréis felices a los autores propiamente, sino a los que como yo deseamos cambiar estos conceptos que tanto daño han hecho y siguen haciendo y apostamos a favor de una convivencia entre las distintas poblaciones humanas. Hay que romper algunos esquemas mentales, que todos llevamos dentro, y leer es la mejor medicina. A los médicos y periodistas que lean ésto les pido más, vuestra responsabilidad es mayor para conseguir que la sociedad vaya abandonando conceptos de siglos pasados y que deberían estar muy superados hoy en día.

El racismo nace de la ignorancia del significado real de la diversidad, ayudemos a crear una sociedad menos ignorante.

Y a todos nosotros, padres y madres, tenemos la responsabilidad de transmitir a nuestros hijos unos valores basados en conceptos alejados de las clasificaciones raciales. Para ser un poco optimistas en el futuro, tengo en mis manos un libro de segundo de ESO en el que se cita a Cavalli- Sforza y se habla de la diversidad humana y de que la existencia de razas no tiene sentido. Esto es lo que aprenden los adolescentes de nuestro país en clase hoy en día. Ayudemos nosotros a que este concepto cale en ellos, evitemos que estos conocimientos se pierdan en el camino de su formación y educación y tal vez consigamos que nunca más vuelva a escuchar en una ponencia médica las diferencias entre la raza mejicana y la raza caribeña.

Y aquí me quedo. Espero haber conseguido transmitir el mensaje de que mi “raza” es la de Nelson Mandela, la de Aung San Suu Kyi y sobretodo la de mi hija, nacida en Asia, de ojos rasgados y pelo negro, pero igual a mí.

Josep de la Casa Caparrós
assac@telefonica.net

4 comentarios:

Moni dijo...

Genial artículo sobre razas y racismo.Es agradable saber que mucha gente se ha dado cuenta de que somos SERES HUMANOS ni más ni menos...

Moni dijo...
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Yolanda dijo...

Hoy mismo tuve una discusión con un gran amigo reacio a cambios en nuestro vocabulario, intentaba hacerle ver que sí es importante el término o los términos que se usan para nombrar determinadas cosas. Entonces recordé mis años de estudiante, en los que felizmente conocí una materia que me tiene fascinada, llamada "Antropología Social o Cultural". Entonces le puse el ejemplo de la palabra "raza", y de que era erróneo utilizar ese vocablo para explicar las diferencias culturales, étnicas, etc.., del ser humano. Daba por hecho que pensaba igual que yo, al parecer no era así. Entonces me puse a buscar por la red algo que me ayudara a hacerle comprender lo que pretendía explicarle, y me encuentro con este gran artículo. Mañana mismo, le aconsejaré que lo lea, a ver si a través de tus bellísimas palabras es capaz de empezar a entender la importancia de las palabras, y de ésta en especial. Gracias, he disfrutado leyéndote, muchas gracias.

Kralik dijo...

Un buen artículo, bien argumentado, contra ciertos excesos en el uso de la palabra raza o en "deformaciones" que ha sufrido por un uso inapropiado. No puedo rabatir algo en lo que no soy experto. Sin embargo, que una palabra se use mal o adquiera tintes degradantes no depende de ella en sí, sino del uso y, en última instancia, de la falta de cultura o de conocimientos acerca de la diversidad de la humanidad. Pero cambiar la palabra por otra no garantiza, por arte de magia, que las conductas racistas desaparezcan, permanecerán se denominen racismo o etnismo o xenofobia. Lo importante aquí no es luchar por la pervivencia de una palabra, sino de las actitudes violentas y discrimitarias, sean motivadas por diferencias de cultura, religión o color de piel. Esto quise explicarle a mi amiga Yolanda ayer. Quizá es que hablábamos de cosas diferentes o me expliqué mal o no tiene nada que ver su punto de vista con el mío. En todo caso, me pasaría años discutiendo con ella, solo por el placer de que me llame tontolaba.

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