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martes, marzo 06, 2012

Niños desafiantes

Este artículo lo hemos extraído del periódico de la adopción de Adoptantis, al que podéis subscribiros enviando un email a adoptantis@hotmail.com.

En este artículo, escrito desde una perspectiva bastante técnica, la autora nos habla de los motivos que pueden llevar a que existan niños con comportamientos agresivos, de mala conducta y desafiantes.

Es verdad que a mi también me molesta lo fácil que es en algunos casos para muchos profesionales ponerle a un niño conflictivo la etiqueta de TDA o TDAH y de ésa manera tener una excusa para medicarlo y resolver en primera instancia su comportamiento, pero sin tener en cuenta que lo que estamos haciendo es tapar burdamente una actitud que tiene unos motivos que nunca podremos desvelar.

Igual que sugiere la autora, creo que todo comportamiento tiene un motivo más cultural, social y de educación que en cambio de tipo neurológico o físico, sin descartar obviamente que hay un pequeño porcentaje de este último grupo, pero siempre teniendo en cuenta que se trata de una minoría.

Es largo pero para aquéllos que se encuentren en situaciones similares, les puede ser de utilidad, sobretodo para saber que hay en la mayoría de los casos unas causas, y que sólo conociéndolas es como podemos trabajar para arreglar nuestras vidas y las de nuestros hijos.

Como siempre, la autora nos recuerda que si hemos decidido ser padres es porque debemos actuar como tales, pues en muchos casos, este comportamiento es debido a una falta de figuras que ejerzan como padres que geneen confianza en su entorno y permitan que se relajen crezca su confianza.

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Adaptacion. Adolescencia. Niños estresados

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Son esos niños a los que se atribuía “mala conducta” o “mala educación”; hoy algunos los rotulan como “trastorno negativista desafiante” o “trastorno oposicionista”. La autora sostiene que esa conducta “abarca problemáticas muy diferentes”, y la vincula con determinaciones familiares y sociales.

“Alan tiene siete años. No respeta las reglas de la escuela, contradice a la maestra, desafía a las autoridades. Debe tener un problema orgánico. ¿No necesitará medicación?” “Pedro tiene cuatro años; discute todo lo que se le dice, se pelea con los otros chicos y se enoja cuando se lo reta. Se tira al suelo cuando se le niega algo que quiere. Nos dijeron que consultemos a un neurólogo.” “Juan tiene cinco años. Se niega a hacer lo que se le pide, dice a los gritos que no quiere obedecer y trata de imponer su voluntad todo el tiempo. Lo retamos, le pegamos y le ponemos penitencias, pero cada vez es peor. ¿Qué podemos hacer?” Y una escena en la calle: La mamá: “Cuando hablo con otro adulto no me interrumpas”. El nene, de cinco años (en el mismo tono de voz autoritario): “Y vos contestame cuando yo te hago una pregunta”. La mamá: “Me estás desafiando”. El niño: “Y vos me estás desafiando a mí”.

Son niños a los que antes se les adjudicaba “mala conducta” o “mala educación”. Algunos de estos niños fueron rotulados por diversos profesionales como “síndrome de déficit de atención con hiperactividad”. Otros, como “trastorno negativista desafiante” o “trastorno oposicionista desafiante”, una nueva clasificación que circula por los ámbitos de la salud y la educación. Otro “trastorno de época” con una supuesta “solución” de época. Así, algunos niños a los que se les pone este sello son medicados con antipsicóticos en dosis leves, para mejorar su conducta.

Nuevamente, como en el caso del trastorno por déficit de atención, nos encontramos con la descripción de una conducta frecuente en nuestra cultura, frente a la cual se arma una clasificación psiquiátrica y se supone un remedio mágico. Por consiguiente, es una nominación que suele abarcar patologías y problemáticas muy diferentes. Desde las respuestas impulsivas y agresivas de un niño que siente que su psiquismo estalla frente a las exigencias del mundo, hasta las dificultades de otro que no tolera las normas: todos son ubicados del mismo modo. A la vez, es frecuente que estos niños susciten la hostilidad de los adultos. Es decir, no se lo piensa como una conducta que suscita preguntas, que dice algo, sino como algo a acallar. Consideradas como un cuadro psicopatológico o como respuesta a una educación permisiva, las conductas de los niños que se oponen a las reglas escolares y familiares se piensan como algo a silenciar más que como un llamado a escuchar.

Pero el comportamiento transgresor y desafiante de los niños de hoy no tiene que ver necesariamente con una falta de castigos o con actitudes demasiado permisivas de los padres. Sucede que los adultos presentan dificultades para sostener las diferencias niño-adulto, no pueden ser garantes de un futuro mejor y esperan que los niños los sostengan narcisísticamente. Así, generan actitudes y respuestas frente a las que luego se violentan. A estos niños se los ha imbuido de un poder omnímodo. Son los mismos adultos los que los han convencido de que son seres poderosos, de que deben cumplir ya con todo lo esperado y de que este cumplimiento les traerá satisfacciones inmediatas.

¿A qué se oponen los niños? ¿A qué se niegan? ¿Qué desafío está en juego? ¿Qué nos están diciendo con tanto “negativismo”? Es frecuente que los niños de hoy traten a los adultos como pares e intenten imponer su voluntad a toda costa. Pero hay determinaciones sociales, familiares e individuales que debemos tener en cuenta en la producción de estas conductas, que suelen denunciar dificultades en la estructuración narcisista.

Al considerar el comportamiento como algo estático, un trastorno que el niño trae y que es atemporal, no se toma en cuenta su sufrimiento. Estos niños, a su vez, suelen desmentir el dolor, justamente porque suponen que tienen que funcionar como poderosos y que si se muestran débiles quedan a merced de un tirano. Generalmente son sancionados, castigados, expulsados, lo que refuerza la idea de un mundo hostil y arbitrario.

Lo que aparece como conducta oposicionista-desafiante o negativista-desafiante puede responder a múltiples determinaciones, en las cuales tienen peso tanto el medio social como el familiar, así como el modo particular en que ese niño tramita sus vivencias.

Algunos niños no hay podido constituir ligazones que operen como inhibidoras del desborde pulsional y quedan a merced de la insistencia pulsional en una pura descarga. El otro fracasa como aquel que contiene y calma y el niño queda solo en un estado de enfrentamiento con todos, suponiendo que los otros son causa de su malestar. Esto suele confundirse con un funcionamiento “oposicionista”.

Así, un niño de diez años que insultaba a las maestras, le pegaba a la madre, totalmente desbordado por cualquier situación en la que tuviera que esperar su turno o ceder frente a otro, fue diagnosticado como trastorno negativista desafiante. En ese diagnóstico primó una idea de clasificar, sin dar cuenta de los mecanismos productores de sus desbordes. Estos se desencadenaban cuando aparecía una situación en la que se le presentificaba la idea de ser aniquilado o expulsado violentamente por el otro, lo cual lo llevaba a estados de desesperación donde las urgencias se transformaban en irrefrenables. La desesperación se incrementaba en el vínculo con adultos que se ubicaban como impotentes frente a los ataques del niño.

Oposición o dependencia

En tanto el niño teme depender del otro porque no lo considera seguro y supone que va a quedar a merced de él, de sus idas y venidas, el mostrarse autosuficiente y negarse a obedecerlo puede ser el modo en que intenta sostener un armado narcisista precario. En algunos niños, dominar al otro, someterlo a la propia voluntad, parece ser la única satisfacción posible. Ya no es la satisfacción erótica en el vínculo con el otro, el placer en la realización del deseo, sino el placer en el dominio del otro como objeto. Hay niños que se unifican en el “no” como modo de ser, como protección, porque si no se sienten arrasados por el avance intrusivo del otro. La dificultad radica en que pierden la percepción de sus deseos (algunos no la tuvieron nunca) y lo único que desean es oponerse al deseo del otro (lo que delata la dependencia). Al abroquelarse en el “no”, éste funciona como organizador que les permite sostenerse como diferentes.

Este funcionamiento suele traer dificultades para sublimar. Así, en lugar del juego o de actividades creativas estos niños buscan el poder por sobre todas las cosas. Ser el jefe de la banda es lo único importante.

El “no” formulado como “no quiero” implica tanto la posibilidad de poner coto al avasallamiento del otro como de reafirmar la autonomía. Los padres de un niño de cuatro años consultaron porque el chico regulaba todos los movimientos de la casa. Si él se oponía, no podían salir a pasear o a comer afuera: cuando no se hacía lo que él quería, respondía con escándalos. Podermos preguntarnos: ¿qué quería? Quizá dominar a los otros para no darse cuenta de que eran personas autónomas, separadas de él, situación que, cuando se hacía evidente, le acarreaba muchísimo sufrimiento. A la vez, estos padres se ubicaban en una lucha de poder con el niño, repitiendo con él la batalla cotidiana con un mundo vivido como demasiado exigente.

Depender de otro supone que uno puede perderlo. Estos niños intentan desmentir toda dependencia para evitar toda pérdida. Puede ocurrir que un niño tenga terror al abandono y desmienta por eso la necesidad de ese otro. Pero el resultado es que el objeto se le torna incontrolable, la separación no puede ser eternamente desmentida y permanentemente reciben heridas insoportables, en tanto esperan una fusión imposible.

Así, un niño que, por pegar a los otros niños y desafiar a los docentes, estaba a punto de ser expulsado del jardín de infantes, trae a las sesiones su sensación de injusticia, de no ser escuchado por los maestros, de quedar como culpable de todas las situaciones de un modo arbitrario. Está muy enojado con el mundo. Le propongo jugar a que él es el psicólogo. Acepta y juego a ser una niña que les pega a todos y a la que retan todo el tiempo. Yo voy diciendo lo que siento, lo injustos que son conmigo, cómo ninguno me escucha y cómo me dejan sola, y él va pasando de ser un adulto implacable, que sólo me reta, a transformarse en un director de escuela que dice: “Yo te creo; voy a ir con vos al recreo a ver lo que pasa, y si te molestan yo te defiendo”. Esta variación de posición en el juego le permitió ir modificando su lugar en el jardín, sintiendo que los adultos podían escucharlo y defenderlo. Pudo empezar a mostrar sus miedos, sus debilidades, y soportar la indefensión frente a los adultos.

Muchas veces la desmentida de la dependencia está sostenida por los adultos, que ubican al niño como todopoderoso frente a adultos impotentes. Lo que podemos denominar “idealización de la infancia” es uno de los factores sociales que inciden en las dificultades de los niños de hoy.

Los padres de una niña de tres años afirmaban que la niña era “terrible” y que en la casa rompía todo. Al relatar un episodio en que la niña había roto la mesada de la cocina, le adjudicaban una fuerza que no tenía. De este modo, la niña quedaba entrampada entre un poder omnímodo y ser la culpable de todo lo que ocurría, cuando era obvio que la mesada estaba quebrada desde antes y ella sólo había puesto de manifiesto ese quiebre. La niña –curiosa, con un lenguaje muy desarrollado y un excelente nivel de juego dramático– no obedecía y se enojaba frente a cualquier negativa a sus deseos. ¿Cómo iba a obedecer a adultos que se mostraban más débiles que ella? Una consecuencia era la confusión respecto de sus propias posibilidades y un estado de desesperación, del que intentaba salir a través del desafío.

Beatriz Janin

Directora de la Carrera de Posgrado de Psicoanálisis con Niños, APBA-UCES.

Texto extractado del libro El sufrimiento psíquico en los niños. Psicopatología infantil y constitución subjetiva (Editorial Noveduc)

miércoles, febrero 08, 2012

Aprender a desconectar


Son muchas las quejas y preocupaciones que oigo de muchos padres acerca del abuso que nuestros hijos hacen de las nuevas tecnologías, a medida que van creciendo.


Nos resulta en muchos casos incomprensible el uso que hacen tan masivo de estos instrumentos para conversar y relacionarse, y a veces nos parece que es hasta enfermizo, y cómo no, nos preocupa.

Des de mi punto de vista, soy un gran defensor de las nuevas tecnologías para fomentar la relación, pues hay muchas personas que les resulta más fácil entablar una conversación con alguien poco conocido a través de las nuevas tecnologías, que directamente, por lo que también hay que entender que tienen una parte muy positiva, pues a partir de aquí puede generarse una confianza que permita generar posteriormente una relación presencial.

Obviamente, el problema , como todo en esta vida, es cuando se pierde el equilibrio y el uso de estas herramientas se vuelve obsesivo, o simplemente nos hacer perder de vista que hay también otras herramientas para comunicarnos como el mirarnos a la cara, conversar con un grupo de amigos, o simplemente tocarnos, abrazarnos o acariciarnos.

Quizá sea por comodidad, por facilidad o simplemente por aburrimiento, que estas tecnologías se adoptan con tanta facilidad y entusiasmo por los más jóvenes, pero una asignatura pendiente que tenemos los padres de hoy en día, a parte de integrarnos en estas tecnologías que los que no lo hayáis hecho debéis ponerlo como una prioridad en vuestra agenda, es también la de ayudar a nuestros hijos a que aprendan a hacer un uso controlado de estas geniales herramientas de comunicación.

Dejo un vídeo que me ha encantado y que nos engloba a todos , padres e hijos, y que nos enseña lo que nos podemos llegar a perder cuando abusamos del uso de estas tecnologías.

Me gustaría también encontrar un vídeo que nos explicase lo que nos perdemos los padres que no estamos integrados a ellas, pero sé que éso va a ser más difícil.

jueves, febrero 02, 2012

Si algún día el mundo fuera así .....

Un video que me ha llegado a través del twitter y que me ha dejado impresionado.


Muy recomendable para compartir con la familia, pues anima a todos a hacer algo además de cuidarnos de nosotros mismos.

Además es uno de ésos planos secuencia de más de 4' que siempre me han apasionado.

jueves, octubre 20, 2011

De verdad, ¿siempre ha sido así?


Hoy he recibido un email de la abuela de mis hijos con estas cuatro frases, y he de reconocer que cuando he sabido el desenlace me ha sentado bastante bien.


El powerpoint empieza así :

El médico inglés Ronald Gibson comenzó una conferencia sobre conflictos generacionales citando cuatro frases:

1. Nuestra juventud gusta del lujo y es maleducada, no hace caso a las autoridades y no tiene el mayor respeto por los mayores de edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. No se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres
y son simplemente malos.

2. Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país si la juventud de hoy toma mañana el poder. Porque esta juventud es insoportable, desenfrenada y simplemente horrible.

3. Nuestro mundo llegó a su punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos.

4. Esta juventud esta malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura.

Después de estas cuatro citas, quedó muy satisfecho con la aprobación que los asistentes a la conferencia daban a cada una de las frases dichas, entonces se propuso a revelar las fuentes :

1. La primera frase es de Sócrates (470-399 a.C.)

2. La segunda frase es de Hesíodo (720 a.C.)

3. La tercera frase es de un sacerdote del año 2000 antes de Cristo.

4. La cuarta frase estaba escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia (actual Bagdad) y con más de 4000 años de existencia.

Luego de un breve silencio mientras miraba a los ojos a los integrantes de la audiencia, finalmente dijo:

Padres y madres de familia: relájense, pues siempre ha sido así.

Bueno, esto ayuda no?

lunes, junio 20, 2011

Fracaso escolar. Cuáles son los motivos?

Adolescencia.

FRACASO ESCOLAR, suena un poco fuerte ¿verdad?, pero cuántos de nosotros nos encontramos con unos hijos que sin saber por qué, no acaban de dar la talla que nosotros creemos que pueden dar en sus estudios?

En este caso me ha llegado a la bandeja de entrada un artículo muy sencillo de un subscriptor del blog que una vez leído me ha ayudado a entender un poco algunos de los motivos que pueden explicar los resultados no tan convincentes de nuestros hijos en los estudios.

En resumen, hay que trabajar con ellos para ayudarles a crear un hábito de estudio; de lo contrario el cúmulo de malos resultados va minando su autoestima hasta que acaban convenciéndose de su incapacidad para abordar unos estudios más complejos.

Lo interesante es lo que siempre comentamos en nuestros artículos, y es que siempre hay esperanza.

Otros artículos relacionados :

Adopción. Postadopción. ¿Problemas en la escuela?



----- Inicio del artículo -------------

En la actualidad, un 25% de los alumnos no obtiene el título de Graduado en Educación Secundaria Obligatoria. Este problema dificulta las posibilidades formativas y profesionales de los hijos ¿Por qué se llega a esta situación? ¿Se puede solucionar? ¿Qué pueden hacer los padres?

La génesis de fracaso

Carlos tiene 17 años. Aprobó la Educación Primaria sin dificultades. Hacía los deberes. Atendía en clase y esto le bastaba. En primero de E.S.O. se matriculó en un Instituto. Cuando se acercaron las fechas de los exámenes se propuso empezar a estudiar. Procuró dedicar un día de estudio a cada asignatura. El sistema funcionó. Lo mismo hizo en segundo de la E.S.O., pero esta vez le quedaron dos suspensas en junio y las mismas en septiembre. La Junta de Evaluación, decidió que promocionara a tercero.

En tercero de E.S.O. y teniendo en cuenta la experiencia del curso anterior, se tomó “en serio” los estudios. ¡Hay que estudiar más!–se dijo-. Y el “estudiar más” se tradujo en preparar los exámenes con dos días de antelación. Además de estudiar toda la tarde, la víspera del examen se levantaba a las seis de la mañana para repasar. El resultado de la primera evaluación fueron siete suspensos. Su madre estaba muy preocupada. Su hijo siempre había ido aprobando y ahora suspendía nada más y nada menos que siete asignaturas. Además, su hijo –pensaba ella- ha preparado bien las asignaturas. ¡Esto es inexplicable! –se decía-. Carlos estaba muy desanimado. Quería abandonar los estudios. ¡No valgo! ¡Es muy difícil todo! ¡Me “mato” a estudiar y suspendo siete!

¿Cuál era el problema? La falta de hábito de estudio, principalmente. Carlos estaba acostumbrado a ”ir tirando”. Aprobaba estudiando durante los días previos a la evaluación. Tenía la impresión de que se esforzaba al máximo. Esto le llevó al desánimo, a pensar que no valía para estudiar. Como no se sentía capaz, estudió con desgana. La consecuencia fue que tuvo que repetir curso. En el curso siguiente mejoró algo. Pasó a cuarto de la E.S.O. con otras dos áreas suspensas, debido a que se había confiado. Pensó que aprobaría sin problemas, porque le “sonaba” todo.

Los resultados escolares no dependen exclusivamente de las capacidades, sino más bien del estudio constante y ordenado.

En cuarto de E.S.O. la situación no mejoró mucho, a pesar de que tenía un horario de estudio. Como consecuencia de su historia escolar no pudo obtener el ansiado título de Graduado en Educación Secundaria. Ahora sólo puede cursar un Programa de Garantía Social, ya que no tiene la edad necesaria (18 años) para matricularse en un Centro de Enseñanza de Adultos e intentar obtener la titulación de Secundaria Obligatoria. El camino a partir de este momento será más difícil que el anterior.

Este caso no es único. Quien más quien menos, conoce a otros estudiantes que, como Carlos, abandonan el sistema educativo sin pena ni gloria, a pesar de tener una capacidad suficiente y aún sobrada. El proceso puede resumirse desde el punto de vista del hijo o de la hija en:

  • No estudio hasta la víspera o dos días antes del examen.
  • Me doy el “atracón” y duermo “poco”.
  • Llego al examen “cansado” o “cansada”. La cabeza no me funciona (no se piensa por falta de sueño) Hacen preguntas que no sé.
  • Suspendo.
  • Me desanimo.
  • Pienso que no sirvo para estudiar. No confío en mis capacidades. Seguro que sigo suspendiendo haga lo que haga.
  • Mis padres no me conocen. No puedo aprobar.

En definitiva, se cumple a la letra lo que me comentó un compañero: “Lo difícil no es enseñar al que no sabe, sino al que no quiere”.

Otras causas

El fracaso escolar ha sido y sigue siendo uno de los temas “estrella” de la educación. Se han realizado muchos estudios y se han publicado infinidad de trabajos explicando el fenómeno y dando pautas para su resolución. La cuestión es compleja y no admite sólo una explicación – la falta de hábitos como en el caso de Carlos-. Además, cada hijo es diferente y sus circunstancias también. Sin embargo, los principales factores que influyen son:

  • La falta de hábitos de estudio unida a una mayor dificultad para realizar lo que cuesta esfuerzo, especialmente en la adolescencia.
  • Dificultades de comprensión lectora y bajo nivel léxico.
  • Problemas de atención y concentración.
  • Baja autoestima académica.
  • No saber organizarse a la hora de estudiar o de hacer las tareas.

Capacidad intelectual y fracaso

Con frecuencia, los padres y tutores recurren al Departamento de Orientación para que se les diga si su hijo o su alumno tiene algún problema cognitivo que le dificulte el poder aprobar las asignaturas. Su pretensión es conocer si los bajos resultados escolares son debidos a una escasa capacidad intelectual. Si el chico tiene una inteligencia dentro de la media, podrán decirle que no tiene disculpa para mejorar sus calificaciones.

La experiencia me va demostrando que salen adelante los alumnos o las alumnas que se esfuerzan, que trabaja. Aún recuerdo el caso de un alumno son un 140 de Cociente Intelectual –este sólo es un aspecto de la medición de la inteligencia- que no obtuvo el título de Graduado en Secundaria que abandonó los estudios a los 16 años. También he podido comprobar al realizar las pruebas psicopedagógicas para elaborar el Consejo Orientador de la E.S.O., cómo alumnos y alumnas con una capacidad intelectual muy limitada, no sólo aprobaban los cursos, sino que incluso en algunas áreas obtenían buenas calificaciones.

Por tanto, los resultados escolares no dependen exclusivamente de las capacidades, sino más bien del estudio constante y ordenado. En consecuencia, lo que los hijos necesitan es que se les ayude a adquirir hábitos de estudio de una forma progresiva. Se empieza por veinte minutos de estudio y se va aumentando poco a poco el tiempo hasta poder dedicar el tiempo necesario que cada asignatura necesita. Además, habrá que hacerles ver que se debe estudiar todos los días, aunque no haya examen. Así, poco a poco, llegarán a obtener las metas académicas que se propongan.


José Luis Díez Pascual: ecojoven@ecojoven.com
Profesor de Psicología y Pedagogía
Orientador Escolar

sábado, febrero 05, 2011

Adolescencia.Control parental en el ordenador. ¿Qué hacer?


Adolescencia, Consejos


Control parental en el ordenador, ¿qué hacer?

Nuestros hijos crecen, y con ello crecen las variables y las posibilidades de hacer cosas, que nos pueden gustar más o menos, o que pueden afectarlos en más o menos medida.

Un elemento con el que hemos tenido que lidiar algunos padres ha sido con la incorporación del ordenador en el colegio a partir de 1ero de ESO, y es que si antes al menos podíamos acogernos a la alternativa de tener un ordenador familiar en una zona abierta donde podíamos ver lo que hacían, ahora no tenemos esta posibilidad, pues resulta que les dan un ordenador en el colegio, ya que es su herramienta de estudio, y que además como es para estudiar, la tienen que utilizar solos en su cuarto, con total autonomía para que no les molesten.

Tengo que reconocer que yo siempre he pensado que a los hijos, si queremos que no hagan alguna cosa, es mejor no poner barreras, sino todo lo contrario, estimularlos y explicarles por qué no tienen que hacerlo, pero tengo que reconocer que el ordenador en la ESO me ha obligado a tomar otro tipo de medidas.

Nos encontramos por tanto ante la posibilidad de que nuestro hijo, mientras estudia, dedique sus horas de estudio para conectarse tranquilamente y sin ningún tipo de control al facebook, chatee con el messenger, o se conecte a alguna página con contenido para adultos que le ha dado algún listillo de la clase.

Por supuesto que ya hemos hablado con ellos para que no vean ésto o lo otro, les hemos recomendado la información que deben poner o no en su perfil, y hasta algunos nos hemos creado un perfil del facebook y nos hemos hecho amigos de ellos para conocer sus amistades y movimientos, pero ¿es suficiente? ¿no tenemos todos nosotros nuestras normas y obligaciones, pero la tentación a veces hace que nos las saltemos? y entonces, ¿qué nos hace pensar que ellos no hagan lo mismo? almenos están en todo su derecho!!!

Creo que además de actuar externamente y asesorando, debemos también tratar de actuar desde la óptica del control y la supervisión porque todavía muchos de ellos no están preparados para lo que hay en la red.

Hay que protegerlos para enseñarles poco a poco lo que pueden y no pueden hacer, la manera de administrarse el tiempo de estudio y el de ocio que comparten con el mismo ordenador, y involucrarnos en aprender de las herramientas y posibilidades de que disponen para enseñarles a aprovechar todo su potencial.

Como leí una vez que una madre le decía a su hija : "Te tengo que controlar, no porque no confíe en ti, sino porque precisamente ésta es la única forma que tengo de aprender a confiar en ti", controlando y supervisando con ellos el uso del ordenador es como aprenderemos a confiar en ellos con todas las garantías.

Para ello he descubierto estos días que me he visto obligado a hacer uso de ello, los programas de "Control Parental", que es como llaman a esta actividad de controlar la actividad del ordinador de tu hijo / hija, y quiero desde aquí compartir con vosotros lo que he aprendido y las soluciones que he adoptado y que me funcionan perfectamente por si alguien se encuentra en una situación similar, tenga almenos un poco del recorrido ya hecho.

Si tienes Windows Vista, existe una opción de control parental francamente sencilla de configurar y muy buena que te da :

1. Control de acceso a las webs por categorías; de esta forma no tienes que ir poniendo direcciones url's específicas.

2. Registro de actividad diaria por cuentas de usuario en internet y en el ordenador, de forma que puedes saber donde ha entrado, los programa sque ha ejecutado, etc...

3. Control por franja horaria, de forma que puedes controlar las horas y el tiempo que pueden estar conectados.

Si tienes Windows que no sea Vista, buscando, buscando he encontrado un producto gratuito que funciona francamente bien y se llama K9WebProtection (http://www1.k9webprotection.com/) que te permite lo mismo que lo comentado anteriormente aunque no puedes controlarlo pro cuenta, sino que tienes que hacerlo por ordenador. He visto que había decenas, pero éstos me han funcionado y resuelven al 100% mis necesidades, y creo que la de la mayoría de madres / padres.

Pero, por supuesto, no se trata de activar el control parental y ya está!!!

Óbviamente este tipo de herramientas requieren estar al día de lo que tu hijo / hija hace con el ordenador, compartir con él /ella momentos de revisión conjunta de su actividad, enseñarle a relacionarse con el entorno, explicarle por qué no debe entrar donde ha intentado e ir enseñándole poco a poco a lidiar con estas herramientas fascinantes y maravillosas pero también peligrosas que son internet y el ordenador.

Suena bonito , verdad? pues ahora toca ponerse a ello!!!

Suerte.

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miércoles, enero 26, 2011

Un toque de optimismo

A ésto le lamo llamo yo MARKETING con mayúsculas.


Lo he visto y me ha animado.

Las 10 estrategias de manipulación


Este artículo me llegó a mi bandeja de entrada hace ya un par de meses y me lo guardé porque creo que dice cosas interesantes que es bueno concoerlas, y si ya las conocíamos, almenos es bueno recordarlas.


Nos explica algunas técnicas que se utilizan para manipular la opinión pública, y que están básicamente basadas en la distracción, la popularidad y el engaño, pero que es interesante conocerlas para darnos cuenta que somos víctimas de ellas.

No está relacionado con la adopción, pero sí con el sentido común, de responsabilidad y de decencia que todos debemos tener, y es un excelente artículo para compartir con nuestros hijos que ya empiezan a entender las diferencias entre el papel que ellos quieren jugar, y el papel que la sociedad quiere que jueguen.

Me quedo sobretodo con el aspecto de "autoculpabilidad" y el de "ser complaciente con la mediocridad", porque son elementos muy potentes y con los que hay que tener especial cuidado.

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Postadopcion. Escuela de padres


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1. La estrategia de la distracción. El elemento primordial del control social es la estrategia de la distracción que consiste en desviar la atención del público de los problemas importantes y de los cambios decididos por las elites políticas y económicas, mediante la técnica del diluvio o inundación de continuas distracciones y de informaciones insignificantes. La estrategia de la distracción es igualmente indispensable para impedir al público interesarse por los conocimientos esenciales, en el área de la ciencia, la economía, la psicología, la neurobiología y la cibernética. ”Mantener la Atención del público distraída, lejos de los verdaderos problemas sociales, cautivada por temas sin importancia real. Mantener al público ocupado, ocupado, ocupado, sin ningún tiempo para pensar; de vuelta a granja como los otros animales (cita del texto ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

2. Crear problemas y después ofrecer soluciones. Este método también es llamado “problema-reacción-solución”. Se crea un problema, una “situación” prevista para causar cierta reacción en el público, a fin de que éste sea el mandante de las medidas que se desea hacer aceptar. Por ejemplo: dejar que se desenvuelva o se intensifique la violencia urbana, u organizar atentados sangrientos, a fin de que el público sea el demandante de leyes de seguridad y políticas en perjuicio de la libertad. O también: crear una crisis económica para hacer aceptar como un mal necesario el retroceso de los derechos sociales y el desmantelamiento de los servicios públicos.

3. La estrategia de la gradualidad. Para hacer que se acepte una medida inaceptable, basta aplicarla gradualmente, a cuentagotas, por años consecutivos. Es de esa manera que condiciones socioeconómicas radicalmente nuevas (neoliberalismo) fueron impuestas durante las décadas de 1980 y 1990: Estado mínimo, privatizaciones, precariedad, flexibilidad, desempleo en masa, salarios que ya no aseguran ingresos decentes, tantos cambios que hubieran provocado una revolución si hubiesen sido aplicadas de una sola vez.

4. La estrategia de diferir. Otra manera de hacer aceptar una decisión impopular es la de presentarla como “dolorosa y necesaria”, obteniendo la aceptación pública, en el momento, para una aplicación futura. Es más fácil aceptar un sacrificio futuro que un sacrificio inmediato. Primero, porque el esfuerzo no es empleado inmediatamente. Luego, porque el público, la masa, tiene siempre la tendencia a esperar ingenuamente que “todo irá mejorar mañana” y que el sacrificio exigido podrá ser evitado. Esto da más tiempo al público para acostumbrarse a la idea del cambio y de aceptarla con resignación cuando llegue el momento.
5. Dirigirse al público como criaturas de poca edad. La mayoría de la publicidad dirigida al gran público utiliza discurso, argumentos, personajes y entonación particularmente infantiles, muchas veces próximos a la debilidad, como si el espectador fuese una criatura de poca edad o un deficiente mental. Cuanto más se intente buscar engañar al espectador, más se tiende a adoptar un tono infantilizante. Por qué? “Si uno se dirige a una persona como si ella tuviese la edad de 12 años o menos, entonces, en razón de la sugestionabilidad, ella tenderá, con cierta probabilidad, a una respuesta o reacción también desprovista de un sentido crítico como la de una persona de 12 años o menos de edad (ver “Armas silenciosas para guerras tranquilas”)”.

6. Utilizar el aspecto emocional mucho más que la reflexión. Hacer uso del aspecto emocional es una técnica clásica para causar un corto circuito en el análisis racional, y finalmente al sentido critico de los individuos. Por otra parte, la utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al inconsciente para implantar o injertar ideas, deseos, miedos y temores, compulsiones, o inducir comportamientos…

7. Mantener al público en la ignorancia y la mediocridad. Hacer que el público sea incapaz de comprender las tecnologías y los métodos utilizados para su control y su esclavitud. “La calidad de la educación dada a las clases sociales inferiores debe ser la más pobre y mediocre posible, de forma que la distancia de la ignorancia que planea entre las clases inferiores y las clases sociales superiores sea y permanezca imposibles de alcanzar para las clases inferiores (ver ‘Armas silenciosas para guerras tranquilas)”.

8. Estimular al público a ser complaciente con la mediocridad. Promover al público a creer que es moda el hecho de ser estúpido, vulgar e inculto…

9. Reforzar la autoculpabilidad. Hacer creer al individuo que es solamente él el culpable por su propia desgracia, por causa de la insuficiencia de su inteligencia, de sus capacidades, o de sus esfuerzos. Así, en lugar de rebelarse contra el sistema económico, el individuo se autodesvalida y se culpa, lo que genera un estado depresivo, uno de cuyos efectos es la inhibición de su acción. Y, sin acción, no hay revolución!

10. Conocer a los individuos mejor de lo que ellos mismos se conocen.
En el transcurso de los últimos 50 años, los avances acelerados de la ciencia han generado una creciente brecha entre los conocimientos del público y aquellos poseídas y utilizados por las elites dominantes. Gracias a la biología, la neurobiología y la psicología aplicada, el “sistema” ha disfrutado de un conocimiento avanzado del ser humano, tanto de forma física como psicológicamente. El sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder sobre los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos.

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